Actualizado el 26/04/2024
Miguel Ángel Sosa Machín

Miguel Ángel Sosa Machín


Período: XX - XXI
Nacimiento: 1955 - Las Palmas de Gran Canaria

Historiador y escritor nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1955, es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de La Laguna. Implicado en la lucha por los derechos LGTBI y uno de los miembros fundadores del Colectivo Canario de Homosexuales, es también un defensor de la memoria histórica, cuestiones que de alguna u otra manera palpitan en sus escritos. Fue profesor de Enseñanza Media y miembro del Consejo Asesor del Programa Hipatia de Bibliotecas, cuya finalidad era fomentar la lectura. Entre sus títulos más celebrados se encuentra la novela Viaje al centro de la infamia, donde se narran los sufrimientos padecidos por los homosexuales y otros presos comunes, encerrados en la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura.

Cronobiografía

Obras

  • 2021

    Anatomía del tiempo (Madrid: Mercurio)

  • 2014

    Los pies del cielo (Madrid: Mercurio)

  • 2009

    Los latidos del tiempo (Las Palmas de Gran Canaria: Cam-PDS)

  • 2008

    Los dominios del viento (Las Palmas de Gran Canaria: Cam-PDS)

  • 2007

    La otra ciudad (Gobierno de Canarias)

  • 2006

    Viaje al centro de la infamia (Las Palmas de Gran Canaria: Anroart)

  • 2005

    Otra vuelta por los trópicos: artistas y escritores en tono a la idea de “El viaje”: sombreros de artistas, correlatos de escritores (Las Palmas de Gran Canaria: Sala Ámbito Cultural, El Corte Inglés)

  • 2001

    La rana Esmeralda (Cabildo de Gran Canaria)

  • 1998

    El lugar donde muere la noche (Cabildo de Fuerteventura)

Más allá de la biografía

La infancia

"No fui un niño lector. Abandoné la escuela muy temprano —aquella escuela muerta y autoritaria donde el libro brillaba por ausencia— y me fui a trabajar a un estanco bazar. No hay en mi biografía, pues, ningún lector precoz. Existe, eso sí, un niño con los cinco sentidos muy atentos al mundo. A esos mundos que a diario tenía delante de mis ojos. Por allí circulaba de manera constante la condición humana: las alegrías, las penas, las pasiones, los miedos, los delirios… Los relatos mundanos que diariamente tejían sus urdimbres y que, sin darme apenas cuenta, alimentaron la fantasía y la magia de aquel niño flacucho y espigado. Más tarde ya, descubrí la lectura, pero eso es otra historia que se cuenta en el Poeta de las ausencias... por si a alguien le apetece leerla".

Miguel Hernández

Un buen amigo me solicita escribir unas palabras para celebrar el centenario de un poeta que nos une: Miguel Hernández. No soy crítico literario ni especialista en su obra. Sólo soy uno más de sus lectores al que le gustaría contarles un hallazgo. Fue en un tiempo remoto, de turbia adolescencia en que leía sin norte, ansioso por cubrir las carencias de un abandono temprano de la escuela, y orientado quizá por el runrún de infancia de mis hermanas mientras me acicalaban…: Platero es pequeño, peludo, suave… de algodón… Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles…, me decía mi hermana la mayor enamorada de la poesía de Juan Ramón Jiménez. Un burro, al que no sé por qué, imaginaba con alas y flotando entre esponjosas nubes. Durante aquella etapa leí a poetas que me hicieron sentir el dolor ante la fragilidad de la vida, olisquear en el cofre de las metáforas o detenerme a escuchar la levedad cristalina de un riachuelo… Hasta que una tarde, en una librería del casco viejo de Las Palmas, me encontré con aquel tesoro. La librería la regentaba un anciano de edad incierta que, sentado detrás de un pequeño mostrador de madera que había al fondo, me escrutaba tras sus gafas redondas como si me hubiera olvidado de pagar la entrada. Era una librería pequeña, de forma irregular y con los estantes de madera apilados de libros. El “desorden” donde don Nicolás Abreu, el viejo librero, reinaba. Lo saludé. Me devolvió el saludo con un gesto, sin dejar de observarme. Advirtiéndome con la mirada de que acababa de entrar en su santuario… Recuerdo que estuve a punto de marcharme, pero el olor a cedro y a melaza de aquellos estantes atiborrados de libros me atraparon. Me escabullí de él en un recodo de la librería. Unos estantes llenos de gruesos libros de tapa dura de colores verdosos y azulinos, en su mayoría biografías de grandes personajes de la historia. No me atreví a tocarlos. Leía los títulos de sus repujados lomos cuando oigo una voz ronca que me dice: “¿Qué buscas muchacho?”. Me volví sin saber qué decir. “¿No sabes lo que buscas?", gruñó. “Lector novato…”, balbuceó. “Poesía”, dije y enrojecí, como si estuviera pidiendo algo prohibido a aquel hombre flacucho, de tez blanca y una corona lacia de pelo cano. “¿Te gusta la poesía?”, preguntó con la misma voz ronca algo más dulce. “Sí”, respondí moviendo afirmativamente la cabeza. “Al fondo, detrás del mostrador. Todos los estantes de allí son de poesía. Si necesitas ayuda, no dudes en pedírmela”, dijo, y se marchó a atender a otro cliente. “Por cierto, puedes coger los libros, y ojearlos y leer lo que quieras, pero no olvides de volver a ponerlos en su sitio"–comentó mientras me dirigía al lugar por él indicado–. “Por orden alfabético. Ante la duda, deja el libro sobre el mostrador que después lo coloco yo. Un libro fuera de su sitio es como una palabra descolocada en un diccionario” –añadió ante mi gesto de sorpresa.

(El poeta de las ausencias. Tres heridas)

Premios y reconocimientos

  • Accésit del Premio de Cuentos Tomás Morales, 1986
  • Premio de creación literaria Poeta Domingo Velázquez, 1998
  • Premio Cultural Jennifer Quiles, concedido por GAMÁ, Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Canarias, 2006

Citas

  • El olvido es una fosa extraña donde cabe de todo. Sus insaciables tragaderas digieren cualquier cosa. Pueblos enteros han desaparecido fagocitados por el olvido. Un gigantesco estómago donde se descomponen lentamente las mayores calamidades cometidas por el hombre. Las traiciones, la tortura, las guerras… se pudren en esa enorme panza hasta formar una masa hedionda y viscosa que el tiempo termina deshaciendo hasta transformarlo en materia irreconocible. Tiempo y olvido son las grandes ventajas del verdugo. Los aliados con los que siempre cuenta. Son conscientes de ello. Por eso es necesario que mantengamos intacta la memoria. La única arma que tenemos contra esos desatinos. Sólo memoria contra la barbarie.


    Viaje al centro de la infamia, 2006
    Miguel Ángel Sosa Machín
  • Desde que el mundo es mundo, constantemente nace y muere el día. Y el sin cesar del tiempo va horadando la vida. Lentamente. Invisibles ejércitos de segundos dejan en los ojos del niño el peso inexorable de los años. Una impronta de fuego. Cual gota que día a día abre un surco en la piedra. Abrasiva humedad cubierta por un manto de líquenes y musgo que la tornan porosa y quebradiza. Los vestigios del tiempo.



    Constantemente el mundo gira sobre un eje ficticio, al tiempo que gravita en una elipse cósmica. Un río de silencio cuyo curso describe el ritmo de los días y los años, los ciclos de la vida.


    Anatomía del tiempo, 2021
    Miguel Ángel Sosa Machín

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