Actualizado el 27/02/2024
Ángel Guerra

Ángel Guerra


Período: XIX - XX
Nacimiento: 1874 - Teguise
Fallecimiento: 1950 - Madrid

Ángel Guerra, seudónimo del escritor lanzaroteño José Betancort Cabrera, adopta este nombre de uno de los personajes de su admirado Benito Pérez Galdós. Tras su paso por Las Palmas de Gran Canaria para completar sus estudios secundarios, pronto se traslada a Madrid para acceder a la universidad. En esos años se afianza su vocación literaria, que dará un giro radical al conocer personalmente a Benito Pérez Galdós. Como periodista consigue colaborar en importantes diarios españoles del momento. Se convierte en un escritor temido por unos y censurado por otros. A principios del siglo XX realiza continuos viajes por toda España y por Italia, Portugal y Francia, enviando sus crónicas a los principales diarios de las islas. En 1910 obtiene el acta de diputado por la circunscripción de Canarias. Llega a ser Director General de Prisiones y se propone la modernización del sistema penitenciario español. El comienzo de la Guerra civil trunca su vida laboral y creativa. Logra escapar de Madrid gracias a la ayuda de Juan Negrín. Al finalizar la guerra regresa a Madrid, donde vive apartado de la vida pública, hasta su muerte en 1950.

Cronobiografía

Obras

  • 2022

    Ángel Guerra, un escritor de Lanzarote, de Zebensuí Rodríguez Álvarez (Cabildo de Lanzarote)

  • 2020

    La lapa y otros relatos seleccionados (Arrecife: Remotas)

  • 2006

    Colás (Gobierno de Canarias)

  • 2002

    Ángel Guerra: el escritor y el político, de Antonio Cabrera Perera (Las Palmas de Gran Canaria: El Museo Canario)

  • 1988

    Obra escogida (Las Palmas de Gran Canaria: Edirca)

  • 1983

    Ángel Guerra, narrador canario, de Antonio Cabrera Perera (Madrid: Cátedra)

  • 1980

    Cuentos de Ángel Guerra (Madrid: Fuenteantigua)

  • 1927

    La casta de los Luzardo (editorial desconocida)

  • 1919

    El patache (Los contemporáneos)

Más allá de la biografía

Lanzarote

El compromiso de Ángel Guerra con su tierra natal fue indudable. Muchas de sus obras se desarrollan en Lanzarote y el mar tiene un enorme protagonismo en su producción literaria. El propio autor dejó escrito lo siguiente:

«Lanzarote me dio su pobre, dulce y santa maternidad, que ahora y siempre he considerado el mayor bien que recibí en la vida. Esa gran dignidad basta en mi honor y sobra a mi orgullo. Hecha esta casi pública confesión, quedo en paz con mi conciencia».

Producción literaria

La obra de Ángel Guerra es muy amplia y diversa hasta la Guerra civil española, a cuyo término vivió en Madrid hasta su fallecimiento, apartado de la vida pública y desinteresado repentinamente por la escritura. Este hecho revela el impacto que la guerra y el régimen dictatorial posterior supusieron para el escritor.

Su producción literaria puede dividirse en dos etapas claramente diferenciadas: la decimonónica, imbuida todavía de rasgos tardorrománticos, y la modernista, en la que se centra en una temática que se acerca a las problemáticas sociales y políticas.

No debe olvidarse tampoco la faceta como traductor de Ángel Guerra, que nos dejó diversas traducciones del italiano, portugués o inglés.

Citas

  • Ahora el molino en ruinas se asoma, con su miserable aspecto de viejo y de mendigo, a la vera del camino, como para pedir una limosna. Además sus contornos son desoladamente áridos. Tuvo la mala suerte de asentarse en suelo pedregoso, renegrido, donde nunca creció un árbol y donde es seguro que jamás se vio brotar una brizna de yerba en los mejores inviernos de mi tierra.


    La lapa, 1908
    Ángel Guerra
  • De tarde en tarde, y sobre todo durante las penosas jornadas de trabajo en estío, se rompe, con enormes perturbaciones, la vida normal, vulgarísima, de “paz reinante”, en muchas ciudades, aldeas y campos. Los hambrientos y los no resignados a la esclavitud blanca y a la expoliación a poco precio del sudor humano, se levantaban airados, y en muchas ocasiones, con las armas en la mano.
    Contra ellos carga inexorable la fuerza pública, reduciéndolos a la obediencia y obligándolos, con toda clase de violencias, al silencio. Cesan entonces los gritos subversivos y el ruido atronador de las descargas asesinas. Lo que no se sabe es si cesa el hambre.


    Polvo del camino, 1908
    Ángel Guerra

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